martes, septiembre 19, 2006


Fuego. Lágrimas. Cenizas.
No. No se quemó mi casa, ni me refiero a un incendio forestal. Empleo este título para deshagorme por toda la información perdida en mi disco duro. Esta tarde, en un meollo de Windows falsificados y discos formateados perdí todos los textos, trabajos, poemas, canciones, y una infinidad de archivos que solo ahora comienzo a inventarear. "Poemas para la balanza" era uno de estos textos, un proyecto de nuevo poemario referido a la problemática de la anorexia, la bulimia, y otros desordenes que quise proyectar en versos sentidos. Le tenía puesto el corazón desde hace meses y ahora no es más que un espacio vacío en el disco duro. Algunas cosas se salvaron: aquellas que no guardé en computadora. ¿Existe alguna resignación para cuando se pierden las obras? ¿Qué precio tienen mis palabras borradas como dibujos en la arena? ¿Es esta una lección para desconfiar de estos aparatos infames?
No soy el primero, pienso, miles de personas pierden a diario como yo sus archivos, ya sea por un virus malentretenido o por un error idiota como el mío. Al igual que mis documentos, se perdieron millares de bibliotecas en incendios voraces, libros mucho más importantes que mis poemas se esfumaron en las brasas de la historia. Yo tan solo soy una molécula más de ceniza entre lós infortunios de lo ido. Y aún asi no me consuelo. Quizás la salida es otra. Cuando se escribe, se satisface una necesidad del alma.
¿No debería conformarme con haberlo creado? ¿Al fin y al cabo no es acaso este el destino fatal de todas las cosas humanas: Destrucción y cenizas?
No hay marcha atrás, lo que Windows se llevó Norton Backup no regresa.
Pedazos de mi ser aniquilados por un botón, y yo aquí detras de una pantalla colorida sollozando por lo que fue y no será más. Me quedo con un verso, creo de Cesar Isella:
"Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas, esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.... /Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso
que el amor es simple y a las cosas simples las devora el tiempo."




Papel quemado. Uno de los que se salvó:

IV
La felicidad
al menos la mía
y la de tantos
tantos
tantos otros
Suele medirse
con el Indice de Masa Corporal

La tristeza
al menos la mía
y la de tantos
tantos
tantos otros
suele medirse
con el agujero del cinturón
que sin saber cómo
está cada día más lejos

La verdad
la universal
la única e imperecedera verdad
tiene sus propias medidas
y para desgracia de tantos
tantos
tantos como nosotros
solo puede alcanzarse
si Ud. yhama
al numero que ve en pantayha
durante los próximos minutos.




2 comentarios:

Carlos A. Martinez dijo...

Que huevada viejito, yo pase por lo mismo la anterior vacacion. Fuerza y a confiar en el papel y la tinta, este par de raiz nunca pasaran su uso a la historia.

pao dijo...

Los papeles se pierden, los cuadernos pueden llenarse de moho, las hojas vuelan con el viento y se deshacen con el agua...los discos duros se dañan, los cd's se rayan...
Lo único imperecedero es esta maldita paranoia...
Gracias a uno he descubierto que no hay uno sin dos.