viernes, diciembre 22, 2006

Este poema está dedicado a las dulces damicelas que regresan cuando ya no se las necesita o cuando el orgullo es demasiado sordo para aceptar cálidas ofrendas una vez más.

Zorrita arrabelera
Que vienes ahora a ahogar tus penas
No me hables de tus dolores
ni de enfermedad entre las piernas

Te advertí zorrita
te previne del amor y sus latidos
y ahora vienes a pedir espacio
¡Fuera zorrita!
Ya no tengo cuecas ni huayños para ti

Habías querido de carne vivir
ahora anda pues donde te quieran
que las fieras que te amaron
te devuelvan las prendas y el alma entera

¿Que tú me querias?
¿Que me pensabas de tarde?
¡Mentiras mujer de cera!
A mi puerta solo llegaron
tus ayes de placer ensordecido

Andáte zorrita arrabalera
no me ha quedado sobritas
de mi anticucho corazón

Nada tengo para ti
mas que soledades de piedra.

jueves, diciembre 14, 2006

Sopa de Pollo

Mamá lava la ropa en la mañana, me deja ayudarle con el Ace. Meto mi mano a la bolsa roja, saco un puñado del polvo celeste y lo hecho de poquito en poquito. No tanto, me dice, y luego ella le echa un poco más. Yo la espero sentado en el banquito del nene de la casa, como él no está y se ha ido al Kinder no me va a molestar con sus gritos berrinchudos que siempre arma cuando toco sus cosas.
Tengo que quedarme bien quietecito para no molestar a mamá, me ha prometido llevarme a la peluquería para que me corten el mechón de pelos que cuelga en mi cara. Yo no quiero, pero me hago al contento para alegrar a mamá. La que odia mi cabello es Doña Matilde, dice que parezco pitillero con mi cara toda tapada. El nene en cambio siempre está bien cortado y sabe contar hasta el diez.
A mi me gusta mi cabello, porque aquí sentado puedo mirar al sol detrás de mis mechones negros. Me hago chinito-chinito mirando al cielo y el sol parece una moneda blanca que lastima los ojos. A mamá le molesta que haga eso, por eso se apura y deja todo tendido en el patio. Hay que arreglar las camas, me dice, yo hago la del nene pero no me sale bien, mamá dobla la sabana como ropita planchada. Si tardo mucho ella me ayuda y todo está bien.
Hacemos el almuerzo y acabamos, dice mamá. Hoy toca sopa de pollo para el nene que ha estado agripado por no usar zapatos en la casa. Doña Matilde llega con él cuando las manitos del reloj están todas arriba, entonces tiene que estar la comida lista y los platos rojos sobre los azules. Mamá corta un pedazo de pechuga de pollo, blanca y pálida como la cara del nene. Yo quiero ayudarla, me subo en sus faldas y juntos metemos la pechuga a la olla que ya está botando humo como los trenes. Mamá dice que es vapor.
La zanahoria es para los conejos, y también para la sopa. Al nene le gusta la comida que hace mamá, a mi no me gusta eso. El arroz ya está dorado y hace chis-chis-chis, cuando mamá lo mueve. Yo también quiero hacer chis, pero no puedo. Te vas a hacer awi en tu manito, dice mamá. Las papas hay que pelarlas, la cáscara no le gusta al nene ni a Doña Matilde. Si mamá no me viera yo le quitaría su plato rojo y lo botaría al piso. El nene se come la comida que hacemos mamá y yo. No sabe decir por favor ni gracias. Yo sí.
Ahora el arroz se mete a la olla. Pero tiene que hacer burbujitas mamá ¿no ve?. Ella dice sí y me sonríe. Me gusta que sonría cuando el agua hace burbujitas. El nene nunca sonríe, solo cuando llora. Como cuando quise ayudarle con el vaso y por nada más armó su berrinche. Doña Matilde pensó que le quitaba sus cosas y me jaló de una oreja, el nene sonreía como bobo mientras fingía llorar.
Mamá me deja ponerle sal a la sopa. Solo yo puedo ponerle sal. Igualito que con el Ace, saco llena mi mano de polvo blanco y lo suelto de a poquito en poquito. Ya está, ahora hay que esperar.
Las manitos del reloj ya están casi juntas. Mamá tiene que echar la basura. Tú cuidas que el pollo no se escape, dice mamá y me despeina la cabeza, el mechón de pelos otra vez se cae sobre mi cara.

Espero a mamá sentado en el banquito. Algo nos faltó. Nos olvidamos la pimienta. No importa, abro el frasquito negro que está al lado de la sal. Acerco mi banquito y me subo sobre él. Tengo que apurarme, a mamá no le gusta que me acerque a la sopa cuando ella no está
La pimienta es en la olla. El humo escapa a todas partes.
La pimienta en mi mano. El pollo escapa.
La olla cae. Mamá. Awi mamá.
Perdona mamá. Awi.
Yo no quería.
Awi mamá.
La sopa de pollo duele, tanto como la sonrisa boba del nene cuando llora.

martes, diciembre 12, 2006

Sonaron las doce. Como por obra de un hada madrina, en un instante me convertí en un personaje que ya podía ir a la cárcel, fumar cigarrillos, tomar bebidas espirituales o adulteradas, tener un negocio, responder por mis actos y poder ingresar al cine porno por cuyas puertas pasé tantas veces en mi adolescencia, saboreando el día que tendría la edad que exigían aquellos carteles con mujeres de los setenta enseñando las tetas bajo un título muy sugestivo: "Amor profundo".
Hace unos minutos comenzaron mis 21. Algo como la mitad de cuarenta más uno o los dos tercios de 31,5. Finalmente me convertí en un verdadero ciudadano frente a los ojos de la ley. Ahora puedo hacer muchas cosas que ya hize o que no me dan la gana de hacer. Entre las que no quiero están la visita al cine porno, ya que cierto aire melindroso me hace suponer que adentro hay puros hombres desahogando amores artesanales.
Acabo de comprender que cuando salga el sol probablemente no habrá payasos que me animen o piñatas para manejar el stress infantil. Que bueno. Tampoco saldrá una mujer en bikini de mi torta ni me regalaran un auto. Que malo. Mañana será mañana y nada más. No porque tenga aversión a las alegrías onomásticas o porque haya déficit de entusiasmo. Sino porque creo que toda persona merece pensar una vez al año, que el paso del tiempo no conlleva nuevas obligaciones y responsabilidades, y que aquello de "Ya no tienes x", donde x es la edad que nos echan en cara, es tan solo un formalismo.
Ni me aferro a mi niñez, ni pretendo ser adulto. Simplemente elijo la fantasía, de que hoy no pasa nada más que puras felicitaciones para alguien que acaba de lograr sobrevivir a otra secuencia de papeles-calendario. Lo demás: Puros no cumpleaños.

lunes, diciembre 11, 2006

Cerré el periódico con las noticias. Atónito me quede sentado en silencio por unos minutos. Regresé de mis pensamientos y me levanté rumbo al computador dispuesto a expresar mi voz, para que el mundo sepa lo que pienso y siento sobre la situación actual de mi país. Las palabras estaban a mi alcance. Iba a escribir sobre autonomías y constituyentes, de autoritarismo y separatismo, de huelguistas y de represores, de dos tercios, cuatro octavos, una décima y mayoria absoluta, de un presidente y un prefecto. De un pueblo empobrecido y el peso de su historia. En mi análisis estarían las tierras tropicales y todo el altiplano. Me referiría a las piedras, las balas, los palos y los gritos. Denunciaría la ignorancia, el atropello, la discriminación y el agua turbia de los ideales donde lavamos nuestras manos. Habrían nombres de un lado y de otro, señalaría con el dedo y acusaría de esto y de aquello. Las culpas iban a ser repartidas y muchas cabezas habrían de rodar. Me apoyaría en tales libros y citaría a grandes autores de inopinadas teorías socio-etno-econo-polito-psico-antropo-teológicas. Hablaría de aquellos canales de televisión y renegaría de su mala influencia. ¡Cuánto de acádemica y subjetiva quería ser mi producción! Inevitablemente al final, tendría que parcializarme con esa gente, mis aplausos y mis respetos serían de ellos. Yo terminaría dándoles la razón y brindándoles todo el apoyo con mi blog.
Justo antes de publicarlo, en la última revisión, me di cuenta que estaba jodidamente equivocado. Una coma y un punto no permitían que mis ideas sean bien reflejadas y si las quitaba todo el texto no tenía sentido. Me lamenté, pues sentí que ese artículo podía haber sido un buen aporte a la gran hoguera, y ahora, por culpa de unos signos, quedará en el olvido.

sábado, diciembre 09, 2006

Maitines
En lontananza mi fiebre vacía
recuerda la imagen
de un espacio entre ambos

Inevitable caricia
toqué aquellos labios
estrella agresiva
fugaz al contacto

Nuestra la sombra
agolpábase el fuego
gritaba la sangre
preguntas del cuerpo
a quién hacer caso.

Apenas la noche
luchar contra el tiempo
que nada nos quede
sin rezarle los salmos.

Más dijo una voz
muy suave de lado:
mañana
pasado
tal vez al ocaso

En lontananza mi fiebre vacía
recuerda la imagen
de un espacio entre ambos...

jueves, diciembre 07, 2006

Nocturno
Nubíferos besos aún me palpitan
robarte no puedo
sin quitarme la vida

Destellos de tu risanocturna
me persiguen
me acosan
me sangran la herida

y al final estás tú
.........................de nuevo

Yo no quiero la muerte sin tu cuerpo
Deseo antes las cicatrices miel de rosa
y el sendero de las uñas en la carne
que no se mojan
........................que no se mojan

Anclada tu promesa en mi sangre
rayaré los números
y serán las fechas
esperando tu sueño
..................de la hora inoportuna

¿Podremos salvarnos entonces?
¿Yo del cielo en tu boca?
¿Tú de mis caricias intrusas?

sábado, diciembre 02, 2006

Requiem

es la muerte un misterio
y el mas muerto no lo sabe

al lado de tu inercia
esperé un hálito de luz
cuyo brillo no podía

Te abracé
nunca lo supiste

ni la más cálida de las lágrimas
te hubieran sugerido la vida

aferrado a tu cuerpo
te canté las oraciones

aferrada a tu descanso
me ignoraste
eterna rebeldía

no esperes
que espere
que me esperes

yo no creo donde vas
no creo
y a donde vas ya no eres mía

viernes, diciembre 01, 2006

Cita con el diván
En las noches más frías Doctor, cuando no puedo dormir por los ruidos que escucho o por las pastillas que tomo, veo los mismos fantasmas que vienen a visitarme en mis noches de insomnio.
Si Doctor, son los mismos. Creí haberlos perdido entre tantos medicamentos, pero han vuelto. Y por más que intento no logro que se vayan. Siguen allí. Moviéndose al frente de mi cama como esas proyecciones de cine barato que pasan los jueves por la tarde.
Tengo miedo Doctor, cierro los ojos y aún puedo ver ese pasillo oscuro. No hay nadie, excepto un niño jugando cerca de unas escaleras. Puedo ver tres puertas Doctor. Una está entreabierta y por ella escapa la sombra de una cama. El niño juega con unos soldaditos de plástico. Juega. Doctor. Juega. Absorto en sus soldados, de vez en cuando ríe un poco y estira su cuerpo así Doctor. ¿Puede verlo? Se está quitando un sueño que no tiene. Luego escucho que alguien sube por las escaleras, los ecos de los pasos se repiten en cada rincón de las paredes. ¿Puede oírlos Doctor? Retumban con ese sonido pesado de zapatos grandes.
Es un hombre de sacón negro y sombrero azul el que sube las gradas. Pasa junto al niño y se detiene un momento. Mira con recelo a ambos lados. ¿Qué quiere Doctor? ¿Qué está buscando? Mire. Se acerca al niño y le ofrece una bolsa llena de autitos de plástico. De todos los colores Doctor, qué lindos y chiquitos son. Escuche Doctor, dice algo.
- Es para ti, pero tienes que venir conmigo.
Dígale que no vaya. Que se quede. No tiene permiso. Dígale Doctor que no tiene permiso. Es en vano. El niño se queda mirando la bolsa de juguetes. Es que son tan lindos y chiquitos. ¡Mire Doctor!, es buen niño, ahora dice no con la cabeza. El hombre sonríe. ¿Por qué sonríe así? ¡Haga algo Doctor! ¡Su mano! ¡Qué la suelte Doctor!
-¿Vas a ponerte malo otra vez? Soy la única persona que te quiere y te trae regalos ¿Y así es como te comportas?
Tiene razón Doctor, solo él le trae regalos. Y ahora se lo lleva Doctor. No culpe al niño. Yo sé que tiene miedo. Tiene miedo. Entran por la puerta. La sombra de la cama y el seguro que suena.
- Si lloras o te quejas no te doy los juguetes -.
Ya es tarde Doctor. No se puede decir nada. Es un peso muy grande. Hay que mirar a otro lado y esperar a que las imágenes se pierdan. Que sus culpas se disuelvan solas con las pastillas Doctor.
No importa lo que haga. Toda la escena se repite entera frente a mí. ¿Ve Doctor? Una y otra vez, como las proyecciones de cine barato que pasan los jueves por la tarde. ¿Verdad que es triste? Es terrible. ¿Sabe Doctor? Lo peor, lo verdaderamente malo, es que ya no recuerdo si yo era aquél niño, ese hombre, quizás los dos o tal vez ninguno.