jueves, marzo 29, 2007

Memorias de un premilitar en el año fatídico del 2003
Primera Parte

Recuerdo mi ingreso al cuartel. Estupefacto miraba los cañones de artillería y alelado buscaba la mesa que me correspondía para la inscripción. Los soldados, mejor dicho, los antiguos, nos miraban con recelo, hasta con un poco de bronca. Tenían todo el derecho, frente a ellos desfilaban los privilegiados que aprenderían el manejo del fusil en un solo día y dormirían tranquilos en casa todo el año. Yo sentía un cosquilleo de guerra, pero lo atribuí a la novedad mía de ver militares con paso firme y mirada severa. Las primeras experiencias si bien no fueron traumáticas son dignas de subrayar por anecdóticas. Cómo cuando un militar se me acercó portando alguna clase de metrallleta, (irónica vida, ahora ya ni recuerdo como se llamaba aquel instrumento aguerrido), mi inocente ignorancia no me permitió reconocer que aquél era un Subteniente y confundí sus estrellas con las insignias que llevaban los antiguos. “¡Tu cabeza está roja¡!” me dijo fijándose en mi pelada que se estaba tostando al sol sin bloqueador toda la mañana, seguramente esperaba una respuesta igual de enérgica y varonil. “Sips che”, contesté, con mi parsimoniosa adolescencia, con las manos en los bolsillos e inclinado por el cansancio de hacer fila. Había que ver la cara que puso, sus ojos se desorbitaron y la jeta que ya de por si era pronunciada se pronunció más. Parecía un gorila, es más, parecía un loco, y era así como le llamaban: “El loco Arrazola”. “¿Te estás haciendo el pendejo?” me preguntó “A mi no me gustan los pendejitos te diré”, iba a responderle que eso esta bien porque se quedan en la lengua y saben feo, pero ya algo me decía que mejor era asumir una posición de arrepentido y esperar que el macaco se fuera. No se fue. Cargó el arma de su supuesta ametralleta y me apuntó con ella “¿Quieres que te deje inválido de por vida o que te mate?” Caramba, la oferta era muy generosa, cómo no sabía por cuál inclinarme y además como estaba muy próximo a cagarme de miedo, respondí quedito:
“No mi …” y ahí la dejé, porque no sabía que cosa era de mí ese tipo con camuflaje, seguramente mi abuela no, pero algún grado tendría para tener la soltura de encañonar a un crío de diecisiete años. Pronto aprendería que el coraje de asustar a los niños solo se gana con estrellas. “Me voy a acordar de ti” me dijo, y se fue. Todos mis amigos me miraron con lástima, “Pobre, día de inscripción y lo tienen fichado”. Nunca cumpliría su promesa, aunque me bautizó como “El cabeza roja” no se acordó de mí y tuve la suerte de ir a parar en manos de otro militar. Otra no menos anecdótica fue la revisión médica que tuvimos que soportar, y digo soportar porque fue la primera vez que muchos veríamos a tanto hombre empelotado y fingir que era natural. Aún me río cuando recuerdo a todos los camaradas mirándose las caras antes de sacarse el calzón, como quién piensa que todo eso es una broma y que en cualquier momento entraría algún capitán y diría: “Tranquilos muchachos, la revisión es con ropa interior, respiren tranquilos”
Ningún capitán dijo nada, el único que dijo algo fue un rapadito como yo que repetía: “Estamos jodidos, si nos quedamos mirando las bolas de los demás pensarán que estamos interesados, si no las miramos creerán que nos hacemos los melindrosos, si hace demasiado frío dirán que la tenemos como de crío y si la tenemos muy parada creerán que somos unos maricones y que la idea nos pone loco de contentos”. Gracias a Dios tan jodido no fue, al menos yo pude hacer los ejercicios de rutina sin tener que pensar en tanto detalle y sin preocuparme por las bolas de nadie. Luego de agacharse, mostrar el culo, y todos los rincones que el señor sol esta prohibido de ver, pasamos la prueba. Al final de cuentas la Patria no se fija en detalles cuando sus defensores pagan el derecho de aprender a defenderla.
Luego vinieron los días de instrucción, cómo no teníamos uniforme, pues según nos decían llegarían después, aprendimos a combatir al enemigo todos los sábados con deportivo, de cinco de la mañana a seis de la tarde bajo el sol y sin sombrero, al menos el primer sábado fue así, “Derecho de piso” le llamaban los antiguos. Nada del otro mundo….

9 comentarios:

Dolcka dijo...

Que jodido viejito... la wena premi, que cago de risa, mientras no estemos en la situacion. A mi tb me rompieron y disque soy "infante de marina", ni al Titicaca fuimos. Un abrazo a todos los premis de ayer y siempre.

Albanella dijo...

Soy mujer y tengo una visión parcial de lo que es el ejercito, puro cuentos de quiénes vi y oí que estaban en la Premilitar. Considero humillante tener que bajar la cabeza ante quién te grita sin derecho a hacerlo, te obliga a hacer cosas degradantes por puro gusto de verte abajo y se siente regocijado cuándo se le dice hipocritamente que es la autoridad. Nadie, absolutamente nadie, tiene el derecho de quebrantar los derechos de otro y peor de modo continuado ¿Acaso los derechos humanos tienen excepciones y son restringidos?
Repito, sé que mis palabras son desde mi perspectiva pero esta es la única desde la cual puedo juzgar.

No te sientas directamente aludido Pablito, estoy criticando a la institución. Un abrazo :)

Pao dijo...

Jajaja...
Ay Carlitos...jajaja
Jajaja...

Te juro que a mí me hubiera encantado hacer la premilitar...o entrar a la EMI, pero como no hay ingeniería en psicología, me tuve que aguantar.
Yo discrepo de Albanella. La sociedad en la que vivimos nos impone ciertas situaciones por las que tenemos que pasar, es costumbre y tradición y muchos hombres y ahora muchas mujeres lo esperan, no digo que esté de acuerdo con el abuso y atropello exagerado, pero la disciplina de una u otra manera moldea el caracter y la experiencia de la premilitar, pasa a ser parte de lo que eres...así como cualquier otra experiencia.

Está buenísimo Pablito...
Besitos...

Lau dijo...

Esta genial Pablin!!!
Me acorde de uno de tus compañeros de curso que hizo la pre contigo, de verdad que se quemaban, pero se veian bien con sus uniformes.
Agosto 2003...corriendo para ver el desfile...buenos tiempos para mi...Gracias por recordármelos

CAPSULA DEL TIEMPO dijo...

Después de tanto despelote hacer la Premilitar es M e m o r a b l e no?

Como dice Albanella, es jodido que t ehumilen tanto, pero al fin y al cabo sabes que es solo por un año, que el día de mañana cuando vos seas un chango formado en la vida ese pelotudo que te ha hecho la vida imposible va a seguir haciendo lo mismo y que nunca va a progresar realmente.

Lo jodido debe ser hacer el Servicio Militar, siendo un chango sin plata y estando completamente a la merced de estos desgraciados. Eso si es diferente.

Un abrazo.

Javier Sandoval A. dijo...

También estoy de acuerdo con Albanella. El servicio militar no debería ser obligatorio, por muchos factores, pero por sobretodo porque es un gasto innecesario tanto del Estado como de los pobres padres que se tiran 500 Bs. solo en el uniforme. De todas maneras parenden algo?. Si: A carajear y putear contra los chilenos. Civismo?...Nica !!!. Por suerte en 1996 no había premilitar. De todas maneras no la hubiera hecho. Mi experiencia en el cuartel se limita a estar sentado 4 horas, fumando, mientras observaba como humillaban a 300 chicos y yo esperaba que un milico me de de una puta vez mi "baja". No había otra, viejo. Era o pagar (comprar libreta) o pasarse un año entero perdiendo el tiempo en un cuartel. No estoy orgulloso de lo que hice, pero fue necesario. Hay mejores maneras de "servir" a la patria.

Pablo Enrique Osorio Abud dijo...

Dolcka: La wena premi, es extraño recordar esos días, uno sabe que lo jaranearon, pero no se siente arrepentido, como si todo ese traqueteo hubiera hecho algún cambio en vos, al menos a mi me movió el piso.

Albanella: Muchas de las cosas en la vida son obligatorias, especialmente en un estado de derecho. A la hora de entrar al cuartel, dejas (aunque se diga que no es así) todos tus derechos humanos en la puerta, creo que eso te da una nueva forma de ver la vida, una vez dentro te sientes desprotegido, te das cuenta de lo jodido que es verte privado de libertad, cuando sales del cuartel, sales queriendo a tu Patria, no porque hayas aprendido a disparar, sino porque te sientes agradecido de vivir sin la opresión de nadie.

Pao: Bueno, una de las pocas cosas que aprendes es la disciplina, eso lo parenden mejor los internos, nosotros aprendimos otro tipo de cosas, quizás lo más interesantes fue el destete.

Lau: Sii me acuerdo!!! Creo que lo que más extraño es desfilar abrazado a mi fusil, es nomás cierto que a las chicas les gusta el uniforme, la pinta aguerrida es un gusto aparte.

Capsula: Muy de acuerdo querida del tiempo. La Pre es la versión ligth de lo que les hacen a los internos, al menos "era así en mis épocas hijita".

Javier: Pues si, gritas mucho contra los chilenos y corres como loco.
El civismo más profundo que he sentido y aunque suene banal, es cuando nos sacaban la mierda y al final del día mientras estabamos terminando de cumplir un castigo, sonaba la trompeta, se gritaba ¡Atención!, y en ese instante tenías que plantarte firme estés donde estés, erguir el pecho y fijar la vista en la bandera mientras la bajan, eso acompañado del efecto del atardecer, del chirrido del asta oxidada analogía de un país pobre y cacharroso, y el sudor chorreando mientras la bandera se va otorgandote unos segundos de descanso. La verdad que ese momento poético era lindo y te hacía entender porque los militares le tienen tanto cariño al trapito de colores.
Podría contarte otras pocas cosas que saque de la pre, pero eso es material de las otras partes de estas memorias (yaaaa).

rober dijo...

que buena la angdota ,genial.

adrián dijo...

mmm el arrazola, mirá q me acuerdo de el gracias a mis amigos q me contaron cosas como esas, aunq yo no entré a la pre, o mejor dicho me botaron por chachón... fué el 2003 tmb