domingo, abril 15, 2007

Pero las matas no me entendían. Le supliqué no se robara mis argollas. Esta me la gané por no estornudar en silencio ¿Ves? Y esta otra la gané por no opinar mal de la gente que te quiere con el dedo. Le dije, ven aqui, ¿De que te sirven mis argollas? ¿No ves que Santa Cruz es verde y que sus tardes se escriben con Té? ¿No ves que el cielo es una metáfora vieja? ¿No ves que te quiero de aqui al sol y de vuelta ya no sirve? Ven, no seas tontita. A los viejos les asusta la gente nueva, si te robas mis argollas dirán que no eres bien, que así nomás habías sido y te taparan la boca.
Los canillitas te pronunciarán a tres voces, la calle no será un recuerdo, todos no sabrán de ti y te dirán a la vuelta nomás. No me cortes los ojos, no me escapes tu boca, no te lleves mis argollas.
Acaso pude convencerla. Acaso pude traerla. Le hablé de rosas y azucenas y de París-Francia en fotografías, del amor sin sábanas y el llanto del totaí en un invierno de Oruro. Le hablé de las cinco estaciones y de soñar con pastillas. Le hablé de lo roto que mi corazón fuera sin sus argollas y le hablé, le conté, le amé. Pero las matas no me entendían.

3 comentarios:

Laur dijo...

Que hermoso!!! Pablo, esta realmente hermoso. Al leerlo me estremecio todo mi ser.

Pao dijo...

Qué es esto???
Una confesión???
Besitos...

Pablo Enrique Osorio Abud dijo...

Es un yuxtapuesto a la razón. Para confesarme tengo al cura.
Besitos