miércoles, marzo 10, 2010

Yo habité los árboles y las montañas
bebí del río y navegué por el mar.
Camine entre los tigres
y compartí su presa.
Al lado de la gacela
escapé mil veces de la muerte.

Y nada era mío
ni siquiera la tierra
o la piedra donde dormí.

De pronto necesité
ser dueño del viento
y envidié la vastedad del océano
me pareció odiosa
la longevidad de los árboles
y la sabiduría de la noche.
Entonces abrí las manos
y opuse los pulgares
y todo lo que sostuviera
lo reclamé para mí
mías las hojas
mías las piedras
míos los frutos
mía la tierra
insatisfecho extendí mi propiedad
a todo cuanto mis ojos vieran
y entonces
mío el verano
mío el invierno
mía la vida
mía la estrella

Los siglos han pasado
y no entiendo por qué
ahora todo está muerto.
Lo que veo y toco
ya no respira.

Pero es Mío
infinitamente Mío.

5 comentarios:

Pao dijo...

Tuyo...como la belleza de TUS letras.

Dolcka dijo...

Mías; Su infamia, su proposición privada y su estado.

Anónimo dijo...

..hermoso, dueño de todo.

Anónimo dijo...

Tu infinita necesidad de apropiacion... Cuando la gente lo quiera y cuando ya no lo quiera... todo... seguira siendo tuyo

Esvenka

Albanella dijo...

un relato de tiempos actuales. y venideros...